▫ Un evento injustamente olvidado, escribe en Full dominical de la Arquidiócesis de Barcelona, el Padre Jordi Cassà
R. P. Cayetano Rossell, C. R. (edición impresa) ~ Martes, 9/junio/2009
2 de junio de 2009

Un esdeveniment injustament oblidat
El 3 de juny d’enguany s’acomplirà el bicentenari de l’execució dels Màrtirs de la Independència durant la Guerra del Francès. Entre ells hi havia dos sacerdots, el Dr. Joaquim Pou, de seixanta-un anys, capellà castrense i abans rector de la Ciutadella, i el pare Joan Gallifa, de trenta-sis anys, teatí del Convent de Sant Gaietà. Ambdós, perquè eren clergues, foren agarrotats. Els altres condemnats moriren enforcats.
Aquests eren el sergent Josep Navarro, de trenta-vuit anys, a qui atorgaren el grau de sots-tinent post mortem; en Salvador Aulet, de vint-i-set anys, dependent de comerç i corredor reial de lletres de canvi, i en Joan Massana, de vint-i-dos anys, oficial de consolidació de vals reials. Els acusaren de conspiració. A la mitjanit del dijous 11 de maig de 1809, festa de l’Ascensió, s’havia projectat un alçament popular que fracassà. Foren traïts. Hi hagué fugides i detencions. Es pot discutir llur dret a defensar-se dels invasors. Però si Josep I fou rei legítim era gràcies a la desmesurada ambició napoleònica, que, aprofitant-se de la lluita entre Carles IV i Ferran VII, sotmeté un poble. Enganyà Godoy. Aliat d’Espanya contra Anglaterra, la travessà per tal d’anar a Portugal mentre se n’apoderava. La ciutat comtal fou ocupada de 1808 a 1814. Els barcelonins conspiraven. Aquells màrtirs, en el moment de l’execució, demanaren perdó i perdonaren Defensaven l’alliberament de la ciutat des d’una cosmovisió cristiana. Quatre treballadors, Julià Portet, Pere Lastortras, Raimon Mas i Josep Gonzàlez foren condemnats per haver tocat a sometent mentre eren executats els cinc primers. Aquell dia Barcelona s’entristí.
Qui els recorda avui?
Jordi Cassà i Vallès, C. R., ha tenido la valentía de publicar en el Full dominical del Arzobispado de Barcelona, que trae la fecha del 31 de mayo de 2009,1 una denuncia del silencio urdido en torno a un evento, que hace 200 años conmovió el alma del pueblo catalán, y que hoy –clama el teatino catalán– es un evento injustamente olvidado. Olvidado por la Iglesia de Barcelona y Cataluña, olvidado por sus hermanos de profesión los Teatinos de España. Para conocimiento de los Teatinos –religiosos y seglares, clérigos y laicos, hombres y mujeres, traducimos del catalán al castellano, el texto ponderado de nuestro colega y hermano el Doctor Jordi Cassà i Vallés, C. R.
Un evento injustamente olvidado
«El 3 de junio del presente 2009 –mañana– se cumplirá el bicentenario de la ejecución de los mártires de la independencia durante la así llamada “Guerra del Francés”.
Entre ellos había dos sacerdotes, el Dr. Joaquín Pou, de 60 años, filipense, castrense y antes rector de la Ciudadela, y el P. Juan Gallifa, teatino del Convento de San Cayetano, de 36 años. Ambos, gracias a su condición de clérigos, se les sometió al garrote vil. Los demás condenados a muerte, murieron ahorcados. Fueron el sargento José Navarro, de 38 años, a quien otorgaron el grado de de subteniente post mortem; Salvador Aulet, de 27 años, profesión comerciante y corredor real de letras de cambio, y Juan Massana, de 22 años, oficial de consolidación de vales reales. Fueron acusados de conspiración.
A media noche del 11 de mayo de 1809, fiesta de la Ascensión, se había proyectado un alazamiento general que fracasó.
Fueron traicionados. Hubo fugas y detenciones.
Cabe discutir su derecho a defenderse de los invasores. Mas si José I fue rey legítimo, esto sucedió gracias a la desmesurada ambición napoleónica, cuando, aprovechándose de la lucha entre Carlos IV (padre) y Fernando VII (hijo), sometió un pueblo, las Españas del siglo XVIII.
Engañó a Godoy. Aliado de España contra Inglaterra, la atravesó para dirigirse a Portugal, apoderándose así de ella.
La Ciudad Condal, capital del Principado de Cataluña, fue ocupada de 1808 a 1814.
Los barceloneses conspiraban. Aquellos mártires, en el momento de la ejecución, pidieron perdón y perdonaron. Defendían la liberación de la ciudad, desde una cosmovisión cristiana.
Cuatro trabajadores, Julián Portet, Pedro Lastortras, Ramón Mas y José Gonzáldes, fueron condenanos por haber tocado a rebato, mientras eran ejecutados los cinco primeros.
Aquel día Barcelona se entristeció. ¿Quién los recuerda hoy? »
Les recuerda la cerámica y el bronce que en Barcelona, junto a la entrada del claustro de la Catedral, donde yacen sus restos, esperando la resurrección de la carne y la vida perdurable, en 1929, cuando durante los fastos de la 2ª Exposición Universal de Barcelona, un grupo de patriotas, convirtió su memoria en aere perennius más perenne que el bronce, como dice el poeta. En un espacio de nobleza histórica, rodeado de piedras venerables, el monumento a los mártires de la Independencia es “joyel engastado en esta joya” que es el Barrio Gótico de Barcelona. La inscripción que se lee en el bronce reza así:
«El Padre Juan Gallifa, El Dr. Joaquin Pou,
D. Juan Massana, D.Salvador Aulet
D. Julián Portet y D. Ramón Mas
sacrificaron su vida
por Dios, por la Patria y por el Rey.
La Ciudad agradecida
enaltece aquí perpetuamente su memoria.
MCMXXIX»
La ejecución del patriota catalán Juan Gallifa
En capilla y en tensión serena es el título que da el Padre Jordi Cassà i Vallés, C. R.,2 al relato de lo que fue, en Barcelona, el sábado 3 de junio, la luctuosa jornada de la ejecución del Padre Gallifa y otros cuatro patriotas condenados a muerte, tras un proceso cuyo objetivo era “escarmentar a la ciudad rebelde y terminar definitivamente con los intentos de conspiración”. El general Duhesme, gobernaba la ciudad a nombre de Napoleón. De él se ha escrito:
«No tuvo otra mancha que la de su gobierno en Barcelona y ,como episodio culminante, el proceso de la Ciudadela fue la gota que hizo desbordar el vaso».
De hecho el General francés hubiera podido detener la ejecución. No lo hizo. No quiso escuchar las peticiones del Vicario Sans y de los Abogados. No se respetó el fuero eclesiástico del teatino y del Dr. Pou, presbítero de la Congregación del Oratorio. Acusados de haber conspirado contra la autoridad, José I, Rey de España, se invocaron ordenanzas reales para condenarlos. Se valieron también de leyes francesas vigentes en Francia. La pena de muerte se impuso con una ley francesa que castigaba la rebelión o desobediencia en país enemigo ocupado por tropas republicanas, y la sentencia se publicó en francés, encabezada con el nombre del Emperador. En fin pisoteando descaradamente el principio jurídico que nadie puede ser juez y parte al mismo tiempo.
La cada vez más débil esperanza de que la súplica de clemencia detendría la ejecución de los cinco condenados a muerte se desvaneció a las 11:30 horas, cuando se trajo el Viático desde Santa María del Mar. El Padre Ferrer tenía la misión de ir a pedirlo personalmente. Lo trajo el Dr. Sebastián Matas. En la torre de la Ciudadela, junto al Padre Ferrer estaba el beneficiado de San Jaime, Dr. Francisco Collell, llamado por su amigo Juan Massana. Tanto el Dr. Sebastián Matas como el Dr. Francisco Collell quedaron admirados de la serenidad y valor de los presos. Matas quedó tan afectado que se enformó.
Al concluir las oraciones acostumbradas para auxiliar a los que reciben el Viático,
«el P. Gallifa entonó el Te Deum con tanta solemnidad y firmeza de voz como podía en la más plausible fiesta.»
Navarro no comulgó, porque no estaba en ayunas. Inquieto el el Ayudante de Plaza, le preguntó si se había confesado. Le había confesado otro reo, el Dr. Pou. No satisfecho con esto, el citado Ayudante de Plaza dirigiéndose a los tres sacerdotes allí presentes les invitó a averiguarlo, No podían ser ajusticiados sin haber recibido primero los Sacramentos. El Padre Ferrer comenta:
«¡Oh, santa escrupulosidad francesa! ¡Qué bien os cuadra lo del Salvador a los Escribas:
“Coláis el mosquito y os tragáis el camello”!
Según los testigos ya citados, el más afectado era Navarro. Su rostro reflejaba palidez. El más animoso y jovial era el Padre Gallifa. Los mismos reos comentaban sus detenciones, el discurso de Gaddi, la discusión de Gallifa con Medinaveytia y todos elogiaban el tesón de los propios defensores ante el Tribunal.
Se acercó al grupo un clérigo francés, amigo de Gallifa, confiándole que los iban a liberar. Ferrer y otros acompañantes, desconfiando del francés y temiendo que los demás condenados fueran engañados, le suplicaron que se alejara y no perturbara aquel ambiente sosegado. Se acercó a ellos el Comisario Bernardo de las Casas. Fingiendo interés por los condenados y disculpándose, afirmó que él sólo cumplía órdenes. Lamentóse de no tener sacerdotes suficientes para auxiliarlos en el último momento de su vida. El Padre Gallifa le pidió la presencia de su Prepósito, el Padre Francisco Corominas, cuya entrada en la Ciudadela le había sido negada.
Antes de que el Comisario se retirara, los condenados a la pena capital pidieron perdón y le rogaron hacer extensiva la petición a las demás Autoridades. Massana agregó:
«lo que más siento es que de tres palabras que me habían dado los Gen erales franceses, ni una hayan cumplido. Pero esto lo digo no por espíritu de venganza, pues Dios sabe cuán de corazón les perdono.»
Se les sirvió algo de comer. Hacia las dos de la tarde se levantaron de la mesa y rezaron la Acción de Gracias. Continuaron platicando, mientras paseaban por la sala. De pronto Gallifa se dirigió a todos con estas palabras de San Juan:
«No os sorprenda, hermanos, si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos» (Jn 3,13-14Jn 3,13-14
Spanish: Biblia Dios Habla Hoy - DHH
13 “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.h 14 Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre ha de ser levantado,i
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Los condenados fueron conducidos a tambor batiente a la plaza de la Ciudadela. Allí se hallaban emplazados soldados de infantería francesa y coraceros. Había fuerzas de artillería con las mechas encendidas en varios lugares de la Ciudad. Se temía la sublevación del pueblo. El público que acudió al lugar del suplicio era escaso y la mayor parte se retiró antes de la ejecución. La condena de dos sacerdotes les impuso cierto respeto. Los simpatizantes de los franceses se quedaron hasta el fin.
Muerte en la ciudadela de Barcelona por amor a la Religión, al rey legítimo y a la Patria
Los reos hicieron su viacrucis, del castillo al cadalso, avanzando por este orden:
- Juan Massana, acompañado del Dr. Collell,
- Salvador Aulet, asistido por el P. Ferrer,
- Sargento Navarro, asistido por Mossèn Perals.
- Y por último el Dr. Pou y el P. Gallifa y, entre ambos, su asistente Dr. Bartolomé Vila.
- Año 71, número 22, p. 4. [↩]
- Mundo teatino agradece al Padre Jordí Cassà i Vallés, C. R., los textos e imágenes que nos ha permitido copiar de su obra: Un caso de catalán intersticial, Joan Gallifa y Arqués (1775-1809), Víctima de la ocupación napoleónica y símbolo barcelonés (Universidad de Barcelona; 1999. [↩]
- Raimon Ferrer. [↩]
«El Padre Gallifa –escribe Ferrer– iba con manteo y sotana como a Teatino con mi sombrero bajo el brazo.»
Iba vestido con el hábito de nuestra Orden, no con uniforme de soldado.
El minucioso relato de aquellos históricos momentos prosigue:
«Reconciliado que fue, el Dr. Pou subió al cadalso acompañado del Dr. Vila, mientras el P. Gallifa, al pie del mismo, rezaba en mi Diurno la recomendación del alma. Como los verdugos eran enteramente nuevos en su oficio, ejecutaron tan mal la operación del garrote que, siendo así que nadie ignora que es cosa de pocos momentos, lo hicieron durar bastante. Admirado de la tardanza –escribe el relator– volví el rostro (pues reconciliaba a Aulet) hacia el cadalso y noté los gestos extraordinarios y horrorosos que hacía el paciente Dr. Pou. Pero lo que más me paró fue la serenidad con que lo observaba el Padre Gallifa, que, arrodillado cerca de mí, el mismo en voz alta se auxiliaba»
En esta ocasión fue cuando el teatino Juan Gallifa cumplió al pie de la letra la palabra dada al intruso Medinabeytia, de que esperaba tener la constancia de un mártir. En efecto me pasmó la serenidad con que, arrodillado al pie del cadalso en que había de acabar luego sus días. Y, a la vista de su compañero Doctor Pou, que estaba sufriendo los horrores del garrote se explica, con tanta claridad como fervor, sobre la causa común por la que él iba a dar su vida. Como yo, aunque estaba muy cerca de él, no podía escuchar atentamente lo que decía, pues reconciliaba a Aulét, no puedo referir una por una las expresiones de su fogoso y patriótica pecho, pero oí varias veces nombrar a nuestro adorado Rey Fernando VII y últimamente oí (pues estaba ya despachado Aulét) que dijo:
«Muero por la causa más justa que pueda darse. Lo aconsejaría a todos. Muero por defender la Patria, la Religión, y a Fernando VII.»
Después de ser absuelto por Ferrer –escribe Jordi Cassà i Vallès– le dijo:
«Padre Ferrer, hasta la eternidad.»
Cubrió con su manteo el cadáver del Dr. Pou que yacía a sus pies, se desabrochó el cuello para facilitar la labor al verdugo, a quien dijo:
Deja, deja. Tú no sabes cómo va eso.»
Y, ajustado el hierro, dio su espíritu al Creador.
También los tres seglares estuvieron dignos y serenos. Aulét, primero en francés y luego en catalán, perdonó a quienes lo habían agraviado. Igualmente Massana perdono a sus agraviadores en francés, después pidió perdón y perdonó al verdugo. Navarro, sereno, prefirió callar.
«Era el sábado 3 de junio 1809 en Barcelona.
A las tres de la tarde se habían cerrado las puertas de la ciudad. Los soldados patrullaban calles desiertas, las ventanas estaban cerradas. En la Riera Alta, hombres armados, esperaban, tensos, una señal.
A las cuatro y media, hora de la ejecución, la campana “Tomassa” de la Catedral tocó a rebato a golpes de martillo.
Hubo reacciones. Dos tipos de reacción totalmente opuestos.
Por un lado las Autoridades invasoras que no se explicaban cómo había sido burlada su vigilancia estricta.
Por el otro, algunos patriotas de la Riera Alta atacaron a los soldados franceses y causaron un muerto. Al verse en minoría y sin el auxilio esperado desde fuera de la ciudad y sin el de la Escuadra inglesa prometido, se retiraron.
No les había llegado aviso de que el plan de una nueva insurrección se había suspendido.
El martes, 6 de junio, fueron hallados los responsables del toque de rebato del sábado anterior. Eran tres jóvenes: el carpintero Ramón Mas, el espartero Julián Portet y el cerrajero Pedro Lastortres. Escondidos en el órgano de la catedral, fueron vencidos por el hambre y la falsa promesa de no ser castigados.
Días después fueron juzgados y ahorcados.
Así como el 2 de mayo de 1808 es y será memorable en los fastos de Madrid por la horrorosa carnicería que ejecutó allí la barbaridad francesa, así también el 3 de junio de 1809 lo será en los de Barcelona por las cinco víctimas en que la misma se cebó.»3


