▫ 3 de marzo en el Calendario teatino
R. P. Cayetano Rossell, C. R. (edición impresa) ~ Sábado, 28/marzo/2009
En 2009: Martes de la semana I de Cuaresma
«Señor, mira con amor a tu familia y alimenta en nosotros el deseo de poseerte como premio de nuestras penitencias corporales» (Misal romano, Oración colecta del día).
En nuestra Conmemoración mensual de san Josemaría Tomasi, cardenal teatino, reflexionemos sobre la práctica cuaresmal del Viacrucis o Camino de la cruz, centrada únicamente en los sufrimientos de Jesús.
Lucas nos invita a seguir a Jesús como Simón de Cirene. Revaloricemos el Viacrucis mediante una meditación más genuina de los Evangelios. En Occidente, en el siglo XV, floreció la costumbre de las “peregrinaciones espirituales” hechas por aquellas personas que no podían caminar hasta Tierra Santa. Fue así como nació la práctica del Viacrucis. Se dio entonces una gran variedad tanto en el número, como en la elección y orden de las “estaciones”. Por ejemplo, en el “Vitral de la Pasión” (siglo XII) de la catedral de Chartres, Francia, se comienza por la Transfiguración y se acaba con Emaús, con un total de 10 estaciones: 5 de la Pasión y 5 de la Resurrección. En el s. XVIII se hacen más comunes las 14 estaciones actuales. La devoción del Viacrucis conoce un gran auge en el siglo XIX. Ahora bien, las 14 estaciones tradicionales presentan algunos inconvenientes. Contienen episodios que no proceden del Evangelio. Mezclan los 4 Evangelios. Pecan de “dolorismo.” En Francia ha nacido la idea de proponer cuatro Caminos de la cruz o Viacrucis de acuerdo a los cuatro evangelistas, escogiendo las escenas más características y propias de cada uno de ellos. El primer Viacrucis italiano contaba con 45 estaciones en forma de capillas. Se remonta al año 1491 y se encuentra en sacro monte de Varallo. La más antigua representación de la Pasión de Jesús, en 7 estaciones, se debe al escultor alemán Adam Kraff de Nuremberg, año 1490. El Papa Clemente XII, en 1731, fijaba en 14 el número de las estaciones, y autorizaba su colocación en todas las iglesias.
La aportación teatina al desarrollo de estas prácticas, centradas en la piadosa veneración del misterio de la Pasión y Muerte del Señor, se encuentra en el artículo que Vezzosi, en su obra Los escritores Teatinos, publicada en Roma, 1780, en dos volúmenes, dedicada a nuestro venerable Padre Don Carlos Tomasi, tío de san Jose María Tomasi, fallecido en San Silvestre del Quirinal, Roma, el 1º de enero de 1675, a la edad de 60 años y dos meses. Su hermano gemelo, Don Julio Tomasi, padre de san José María Tomasi, quiso que la ciudad por ellos fundada, Palma de Montechiaro, Agrigento, Sicilia, fuera una copia en pequeño de Jerusalén, donde padeció, murió, bajó a los infiernos y resucitó nuestro Señor Jesucristo.


